¿Qué se puede esperar de una ciudad que le da la espalda a
su río?
Dirigida por Gustavo Taretto y estrenada en el 2011,
Medianeras es una película que podría estrenarse hoy y seguiría teniendo
sentido.
Un programador web fóbico al exterior que sale a la calle con un kit de
supervivencia que incluye una cámara de fotos, un folleto explicativo sobre qué
hacer ante un ataque de pánico y un par de películas de Tati. Una arquitecta
frustrada con pánico a los ascensores, que habla con maniquíes y que está
obsesionada con “Buscando a Wally”. Dentro de una misma ciudad, dentro de una
misma cuadra, dos personas sufren la soledad urbana y durante 90 minutos se van
cruzando, pero no se encuentran. Hasta el final, por supuesto, esas son las
magias que el cine nos regala, mientras que la vida no siempre es tan generosa.
La película comienza con un montaje de planos fijos de
edificios y detalles con encuadres simétricos que se suceden con una voz en off
que presenta a esta ciudad monstruosa y desordenada pero hermosa, que pareciera
ser un espejo de su gente y de nuestros personajes principales. En una misma
manzana conviven la belleza con la mugre, la riqueza con la pobreza, la luz con
la oscuridad.
Ya desde su inicio se nos plantea lo que va a pasar, la vida de dos hermosos
personajes, Mariana y Martín, dos seres abrumados y aislados por la ciudad, la
vida moderna, que si bien se profundizó tecnológicamente, cada vez estamos más
solos. Dos personajes reales, con problemas reales, destinados el uno para el otro, a
metros de distancia, pero aislados por toda la vorágine.
El frame elegido muestra el momento en el que Mariana se asoma a la ventana y finalmente, luego de constantemente buscar a Wally en el cuaderno, lo podemos distinguir a Martín en la calle, atrapado entre la multitud de gente. Perfecta la estructura, la narración, la fotografía, todo. Una de mis favoritas del cine nacional (lo único malo es que aparece Lanata).